diumenge, 20 de febrer de 2011

"Las estrellas están ahí, solo debes mirarlas"

Cada generación construye sus mitos. Tal vez sean cuestionables y seguramente no son para todos; pero ahí están y mil argumentos racionales no bastan para hacerlos caer. Ni tienen por qué, las razones adultas no pueden con los mitos adolescentes.

Kurt Cobain no era un virtuoso. No tocaba la guitarra como su coterráneo Jimmy Hendrix, su voz no alcanzaba el tono lírico de Freddy Mercury, ni los discos de Nirvana demostraban el cuidadoso trabajo de producción de los álbumes de Pink Floyd. Tampoco era esa su intención. Tocaba a punta de tripas y corazón ; por eso él, tan débil y tan triste, se veía inmenso sobre el escenario ; por eso cualquiera puede tocar en una guitarra de palo los tres acordes de sus canciones ; por eso nadie puede tocarlos como él lo hacía.

Eso lo convirtió en leyenda. El tipo que le devolvió al rock la esencia que hace rato se había perdido entre la técnica de los músicos de conservatorio y el glamour millonario de las superestrellas, era un tipo como uno, aburrido del colegio como uno, solitario como uno, que sufría como uno y tenía los mismos pensamientos atormentados que uno puede tener a los dieciséis, a los dieciocho, a los veintitantos años. Sabía llorar suave y gritar con rabia, tuvo tres años de fama, una hija de ojos azules y una esposa a la que quiso mucho. El 18 de noviembre del 93 grabó en Nueva York el concierto acústico que le calló la boca a los que todavía estaban tan sordos que aún decían que Nirvana era ruido. El 4 de marzo del 94 tuvo una sobredosis en Roma y se llegó a decir que había muerto.

El 8 de abril, serán 17 años que lo encontraron muerto de verdad en su casa de Seattle. En el funeral, su esposa nos leyó a todos la carta suicida. Él decía “el peor crimen es fingir”, ella dijo “no, el peor crimen fue dejarnos” estamos de acuerdo con los dos. Ese momento no lo olvidaremos.

Que aleguen lo que quieran, a los viejos les da vergüenza escribir sobre sus ídolos y a los jóvenes aún les falta encontrarlos ; Kurt Cobain fue el estandarte que escogimos. Fue la voz atormentada que nos hizo saltar y cabecear y nos acompañó en las tardes tristes, con las luces apagadas es menos peligroso.


1 comentari: