divendres, 4 de març de 2011

quan es fa clar...

Todavía sigo preguntándome en qué momento pasaste de ser un simple capricho a ser una prioridad en mi vida, una necesidad, el principal motor de mi felicidad, la encargada de darle cuerda a mi sonrisa, ahora tan efímera...
Tal vez fue desde ese preciso momento en el que esa bonita palabra catalana saliese tu boca. "T’estimo", me dijiste desnudándome con la mirada, con esos profundos ojos oscuros capaces de derretir un iceberg. Ahí caí en el precipicio, en ese círculo vicioso.
Luego te esfumaste, páginas que no consigo arrancar, tiempo que no proporciona tiritas... Es verdad, el tiempo no me curó pero me enseñó a vivir sin ti.
Y ahora de repente vuelves a aparecer, con tu sonrisa, tus bromas, tus mensajes, tus palabras, con tu todo y con tu nada. Y vuelvo a recurrir a ti, rodeando los errores y subrayando las miradas, las sonrisas y las palabras, y de nuevo me doy cuenta de que no se hacer otra cosa que no sea necesitarte.
Tengo miedo, miedo a mis sentimientos, a la posible falsedad de tus palabras, miedo a mi mismo, a la peor de mis debilidades... Tú.
Puedo volver a ser tu “capricho”, fingir creerte y abandonarme en ti, obedeciendo los deseos de cada poro de mi piel, nunca perder el autocontrol y el orgullo fue tan dulce... pero también puedo escuchar a la racionalidad, a esa voz de mi cabeza que tanto te odia y así, arrancar las malas hierbas, tu falso amor de garrafón, que embriaga y produce resaca.
Quererte odiándote, sonreírte llorándote, volar contigo tropezando contra el suelo...

Y a veces me pregunto quién eres, con tu sonrisa torcida y tus ojos cansados, con tus manos de pianista y tu corazón chirriante… tú que cambias con el tiempo, con la canción del momento... Pequeña niña asustada, no tan pequeña quizás, aunque sí asustada.. temerosa de vivir, temerosa de ser y, sobretodo, de no ser, de no superar las expectativas, no las suyas, sino las que tú misma te impusiste, las que te impones continuamente..
Y te pierdes, en tus pensamientos, en tus sueños e ilusiones, en la ficción y la dicción, en los buenos momentos... coleccionas adicciones y pasiones, desde libros hasta licores, pasando por pedazos de corazones...
Y es duro no reconocerse a uno mismo, o hacerlo y sentir tanta verguenza de querer creerse loco, enfermo y solo... duele no reconocer la mirada que te devuelve el espejo, sentirse vivo y verse roto...

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